Trastornos de la conducta alimentaria

Por África Urbano Zabaleta el 24/09/2014
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La inseguridad, baja autoestima, el autodesprecio, la necesidad de no crecer, la presión del grupo o la moda y la necesidad de no envejecer, pueden llevar a los sujetos a una pauta alimenticia inadecuada que, en casos extremos, les lleva a caer en trastornos tan graves como Anorexia y Bulimia.

Pero tampoco podemos olvidar que existen en los países más desarrollados una pauta tan inadecuada como la anterior. La ansiedad, la soledad, el sedentarismo, el individualismo, lleva a muchos sujetos a caer en la conducta de alimentarse en exceso, generando situaciones de obsesidad. En numerosas ocasiones los problemas se inician en etapas anteriores, preadolescencia y adolescencia. Si no se atajan a tiempo, pueden presentar mayor virulencia en la adultez.

Estos problemas deberán ser abordados por un equipo multidisciplinar compuestos de psicólogo clínico, psiquiatra, y en el caso de que sea necesario estos sujetos deberán ser derivados a centros especializados o internados en ellos.

-  ANOREXIA: ocurre principalmente en adolescentes y jóvenes, aunque últimamente existe un incremento del trastorno en edades tempranas (entre los ocho y los trece años) y tardías (en torno a los cuarenta). La persona, sea cual sea su edad, teme intensamente engordar. El perfil personal de estos sujetos es de baja autoestima, perfeccionismo extremo y temor a la adultez. Es un trastorno de la percepción, nunca se ven delgadas, tienen una grave incapacidad para evaluar de forma objetiva su condición física, tienen pensamientos recurrentes tales como, “estoy engordando cada vez más”.

-  BULIMIA: al igual que en la anorexia, existe una preocupación excesiva y persistente por la imagen corporal y el peso. Este trastorno se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta voraz que se compensan mediante medios inapropiados (vomitar, tomar laxantes, diuréticos y hacer ejercicio en extremo) con el fin de poder adelgazar.

El sujeto pierde el control, come en exceso, se percata de que su patrón de alimentación no es normal y se frustra. Se disgusta y se avergüenza por su conducta y se oculta de los demás. Algunos no comen durante el día, pero pierden el control y se atiborran de comida durante la noche.