Tratamiento para el abuso de sustancias

Por África Urbano Zabaleta el 05/09/2016
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En el DSM V (Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos mentales) se utiliza esta nomenclatura para denominar aquellas conductas en las que los sujetos llegan a consumir en exceso sustancias que activan el sistema de recompensa cerebral, siendo la activación tan intensa que el sujeto llega a descuidar actividades normales y adaptativas y a sustituirlas por otras que, llegado un momento, son autodestructivas.

Es importante saber que en este sentido hay una población de riesgo: todos aquellos niños, preadolescentes y adolescentes con dificultades en su función ejecutiva (fundamentalmente problemas en el control de los impulsos) tienen una predisposición a desarrollar este tipo de trastornos. Es decir, aquellos sujetos que no aprenden a inhibir en la etapa infantil, están en riesgo y la raíz de su consumo está en comportamientos que han sido observados con anterioridad, pero no adecuadamente tratados.

Se ha considerado en DSM V que existen diez sustancias que consumidas de forma excesiva nos permiten realizar el diagnóstico arriba indicado. Las más conocidas son: alcohol, cafeína, cannabis, alucinógenos, tabaco, inhalantes, opiáceos, estimulantes, hipnóticos y ansiolíticos.

Además de las sustancias, se ha incluido en DSM V la adicción al juego y se consideran, aunque no con la categoría de trastorno mental porque aún no está científicamente contrastado, que existen comportamientos, podríamos decir, pseudoadictivos calificadas como “adicciones comportamentales”: adicción al sexo, al ejercicio, a las compras y a internet o nuevas tecnologías.

Al parecer todas estas conductas activan los mismos mecanismos de recompensa produciendo una necesidad e incremento en la conducta que, llegado un momento, también puede llegar a interferir con las acciones adaptativas de la vida.

En DSM V se considera como criterio de clasificación:

En los trastornos por abuso de sustancias también es necesario aclarar que existen diferencias entre los sujetos. Algunos son más vulnerables que otros a desarrollar enfermedades mentales, dato que no se puede vincular, según los estudios a otros factores: haber tenido problemas mentales anteriores al consumo, familias con problemas mentales, etc.

Lo único que sí está contrastado como factor implicado en el desarrollo de una enfermedad mental, es la duración e intensidad del consumo. La mala noticia es que durante el transcurso de la intoxicación el paciente mostrará la misma sintomatología que en el caso de pacientes con trastorno mental no inducido por sustancias/medicamentos, es decir, podrá llegar a tener alucinaciones, episodios depresivos mayores, delirios, psicosis. Esta situación conlleva riesgo de suicidio y es, por tanto, una situación de consecuencias extremadamente graves.

La buena noticia es que los trastornos inducidos por abuso de sustancias suelen remitir en pocos días de abstinencia. Por este motivo se dice que aunque los trastornos mentales inducidos e independientes de consumos puedan presentar un mismo cuadro, su tratamiento y pronostico serán diferentes.

Una vez establecidos los criterios diagnósticos generales de los Trastornos relacionados con sustancias, es necesario aclarar que en DSM V se establecen diferencias específicas y se abordan de forma individual cada una de las sustancias que generan adicción.