Trastorno de aprendizaje

Por África Urbano Zabaleta el 24/09/2014
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Se considera que estamos ante un trastorno de aprendizaje cuando los resultados obtenidos por un alumno, en materias instrumentales, son discrepantes de lo esperado para su edad y nivel intelectual.

Las dificultades neuropsicológicas de aprendizaje se diagnostican en el caso de que estemos ante un niño o joven con una competencia intelectual dentro de categoría de promedio y en el que no exista ninguna situación social o psicológica que podamos considerar factores etiológicos del problema.

Los trastornos de aprendizaje son el síntoma de una disfunción. A lo largo del neurodesarrollo cualquier incidente puede repercutir en la maduración de los procesos cognitivos. Cuando la repercusión es mayor, el problema se detecta antes (problemas motores o de lenguaje), pero cuando la repercusión es menor, descubrimos la disfunción más tarde, a la edad en la que el niño tiene que incorporar nuevas destrezas.

Por tanto, los trastornos de aprendizaje se descubren cuando el niño se encuentra escolarizado, en tercero de infantil o en los primeros cursos de la etapa primaria. Cuanto antes se deberán tomar medidas.

–  TRASTORNO DE LECTURA: en términos generales se considera que estamos ante un trastorno de lectura cuando estamos ante un niño con competencia intelectual dentro de categoría promedio, que ha recibido entrenamiento en este proceso y que, sin embargo, el consigue en pruebas baremadas que miden el proceso, puntuaciones discrepantes con su edad cronológica, por alteración de procesos léxicos, sintácticos o/y semánticos.

En el caso de que sea abordado y resuelto, podemos considerar que estamos ante un problema madurativo que, una vez superado, permite al alumno adecuar su ritmo lector al de sus compañeros.

–  La DISLEXIA, sin embargo, es el trastorno de lectura crónico. El disléxico lo es para siempre, aunque aprenda estrategias con las que defenderse de su problema. El niño disléxico presenta indicios durante la etapa infantil. Estos, mal atendidos, van creciendo con él. Cuando llega a la etapa escolar la frustración ante la dificultad, ya manifiesta, hace que muchos niños comiencen a rechazar el contexto escolar, tengan problemas de autoestima o sean etiquetados como “vagos” o irresponsables.

–  TRASTORNO DE LA ESCRITURA: frecuentemente asociados a los trastornos de lectura encontramos trastornos de escritura. La DISGRAFÍA y la DISORTOGRAFÍA son, al igual que en el caso anterior, un problema madurativo, en cuyo caso con la oportuna intervención, es solucionado. O congénito, y entonces el niño aprende estrategias para defenderse, pero el trastorno le acompaña toda su vida.

Los errores disgráficos hacen referencia más bien a la forma en que el niño escribe, el tipo de trazo, el tamaño de la letra, la separación, la inclinación. Mientras que los errores disortográficos hacen referencia al tipo de error: omisiones, inversiones, sustituciones, adiciones.

–  TRASTORNO DE CÁLCULO: para que se puedan llevar a cabo operaciones de cálculo, problemas de asociación número-cantidad, secuenciación numérica y cualquier actividad de razonamiento matemático, son muchas las áreas del cortex cerebral que se encuentran implicadas.

Los niños con disfunciones cerebrales asociadas a lóbulo parietal (izquierdo o derecho) pueden presentar problemas en estas destrezas impidiendo que consigan los objetivos de su currículo escolar. Cuando el problema es detectado, se debe abordar con tratamiento psicopedagógico lo antes posible.
Si estamos ante un trastorno madurativo, el retraso observado en el niño en la materia será superado.

–  La DISCALCULIA, por el contrario, es un trastorno de tipo crónico y que se manifiesta en una incapacidad para resolver problemas matemáticos. Frecuentemente va asociado a trastorno de atención y a dislexia.

–  TRASTORNO DE APRENDIZAJE NO VERBAL: mientras que los anteriores trastornos descritos están asociados prioritariamente a funcionalidad de hemisferio izquierdo del córtex cerebral, este trastorno, todavía poco conocido, va asociado a funcionalidad de hemisferio derecho. Se observa en niños desde edades tempranas una tendencia al aislamiento, conductas atípicas, dificultades de interacción, problemas en áreas viso-perceptivas y motoras, problemas ejecutivos, déficit de atención y dificultades de cálculo y lectura. Esta puede ser correcta, pero el niño no comprende lo leído. Y todo ello teniendo preservado el lenguaje y una competencia intelectual de categoría promedio. En etapas tempranas del desarrollo este trastorno es confundido con trastorno generalizado del desarrollo.